jueves, 24 de noviembre de 2011

Protección al medio ambiente

Una parte importantísima para lo protección hacia los animales tiene que ver, sin lugar a dudas, con cuidar el medio ambiente en el cual viven. Evidentemente, si al entorno en el cual cierta clase de animales es destruido, esta raza ya no tendrá donde vivir, lo que conllevaría a un desequilibrio ecológico mayúsculo.

Este punto en específico es un ejemplo de los tantos temas en los que el problema no es tanto la falta de cuerpos normativos, sino la falta de aplicación de los mismos por parte de las autoridades competentes. La Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente establece una serie de reglas genéricas para poder llegar a una debida protección de la ecología y del medio ambiente y, además, establece la competencia de los tres órdenes de gobierno. No obstante lo anterior, vemos en diversas ocasiones que las autoridades respectivas no llevan a cabo sus funciones de ser garantes el medio ambiente, tal vez porque esto no les repercute tantos votos como cualquier otra actividad que puedan desarrollar.

En cumplimiento al mandamiento establecido en la mencionada Ley General, la entonces Jefa de Gobierno del Distrito Federal, Rosario Robles Berlanga promulgó la Ley Ambiental del Distrito Federal, misma que fue publicada en la Gaceta Oficial de esta capital el 13 de enero de 2000. Desgraciadamente, los resultados no se han visto. Esperemos que en algún momento, pronto, las autoridades hagan frente a sus responsabilidades y apliquen las penas conducentes, sin importar intereses económicos o de otra índole.

Para que veamos a que grado hemos maltratado nuestro planeta, y las consecuencias ecológicas que esto tiene, veamos algunos datos duros:

En los últimos 50 años, hemos terminado con la mitad de las especies animales que existían, entre los que se encuentran los siguientes:

Ø  Oso del Atlas.

Ø  Foca Monje.

Ø  León de melena negra.

Ø  Dodo

Además, existen especies que se encuentran en eminente peligro de extinción, como lo son:

Ø  Oso polar.

Ø  Oso panda.

Ø  Focas.

Ø  Diferentes tipos de ballenas.

Ø  Tigres de bengala.

Ø  Tigre blanco.

En verdad, no puedo concebir como podemos nosotros, como seres humanos, tener tan poco corazón como para matar hasta este punto a animales que no tienen la culpa de nuestra barbarie. Somos, en teoría, los seres pensantes, y somos a su vez la especie más peligrosa que existe en este mundo, los únicos que matamos por el placer de hacerlo, sin tener un verdadero motivo, tal como hacen los demás animales.

Por si esto fuera poco, hemos dañado tanto a nuestro planeta, que según estudios científicos, nuestro planeta se irá calentando paulatinamente cada vez más. De hecho, se tienen contempladas 4 fases de este calentamiento.

La primera de ellas comprende de 2009 a 2029 (si, leyeron bien, 2009, de hecho inició el 4 de enero de 2009). Este periodo estará caracterizado por lluvias en extremo fuertes, veranos extremadamente calurosos, tsunamis, desastres naturales y por el hecho que los polos empezarán a descongelarse.

La segunda de estas etapas se presentará, aproximadamente, entre los años 2030 y 2054. En este periodo, la capa de ozono que protege a nuestro planeta no será más que un recuerdo, por lo que los rayos UV entrarán a la Tierra de manera directa (con todos los riesgos que esto conlleva como el incremento de cáncer de la piel en seres humanos y animales). Evidentemente, la temperatura de nuestro planeta incrementará a la tan agradable temperatura de 70 °C, casi el punto de ebullición del agua. Además, nos encontraremos ante una dualidad maravillosa: durante el verano, los polos estarán completamente descongelados, pero durante invierno, existirán glaciaciones, llegando a temperaturas de -44 °C ¿A poco no nos sentimos orgullosos por lo que hemos hecho con nuestro planeta?

Por si nuestro nivel de orgullo por nuestra creación (destrucción sería la palabra más adecuada) para el año 2055 las plantas ya no existirán. Nuestro planeta que desde el espacio exterior se caracteriza por su colorido azul y verde, se verá ahora café, sin vida, desierto.

Durante estas tres etapas, 46% de las especies animales que aun existen, se extinguirán sin remedio alguno. Se cree que únicamente podrán sobrevivir perros, gatos, hamsters y otras especies de animales domésticos.

Ante estos datos no puedo sino sentir repulsión por lo que hemos hecho, por la explotación innecesaria y desmedida que hemos llevado a cabo. El consumismo en el que vivimos conlleva a una mayor necesidad de recursos naturales, recursos que se consiguen sin dar tiempo a que la tierra los vuelva a generar. Los problemas de deforestación son alarmantes. Los talamontes han matado millones de hectáreas de árboles, pulmones naturales que todo ser humano requiere. De hecho, se estima que aproximadamente el 50% de la Selva Lacandona en Chiapas, uno de los pulmones naturales más importantes para América Latina ha sido víctima de esta deforestación forzada. Se ha generado un verdadero ecocidio.

Además, que podemos decir de la cantidad de basura y desechos que arrojamos a las calles, sin tener en mente que estos llegarán, en primer término al drenaje y, ultimadamente a los ríos y océanos. ¿Cuántas fotografías hemos visto de aves que están atoradas con los plásticos que sostienen las latas? O ¿qué decir de fotografías que demuestran a ballenas, delfines y tortugas con bolsas de plástico en sus hocicos? ¿En verdad creemos que tenemos la potestad de dañar tan seriamente los ecosistemas? ¿No podemos comprender que el simple hecho que una especie animal desaparezca genera consecuencias serias? ¿No es tan difícil aceptar que al contaminar el ambiente de los animales nos estamos dañando también a nosotros mismos? No soy una persona de edad avanzada, por el contrario, soy joven, sin embargo, recuerdo que durante mi infancia las estaciones estaban totalmente marcadas, uno sabía exactamente si estaba en primavera o en otoño, en verano o en invierno. Desgraciadamente hoy, el cambio climático que hemos generado, la sobre explotación que hemos realizado de los recursos naturales nos llevan a tener inviernos calurosos, primaveras lluviosas, veranos fríos, es decir, las estaciones del año hoy no son más que simple nomenclatura que no tiene una diferenciación real. En verdad, es urgente que hagamos algo por detener esta destrucción.

Viene a mi mente un video que vi hace ya algunos años. En él se veía a una pequeña niña de, en ese entonces, 13 años. Severn Susuki, oriunda de Vancouver, Canadá, se paró en el pódium de la Cumbre de Medio Ambiente y Desarrollo, celebrada por la ONU en Río de Janeiro, Brasil en junio de 1992. El discurso que Susuki dio ante los representantes de los países asistentes los dejó callados. Una pequeña niña pudo más que un montón de diplomáticos que, probablemente, solamente asistieron para cumplir con el requisito de ir. El mensaje fue apabullante y refleja una verdad abrumadora (http://www.youtube.com/watch?v=DLV6jaZFLro&list=FL4-5ixsmWHtAZCpx_Zp3mjA&index=15&feature=plpp_video)

Quiero terminar esta publicación con unas palabras que reflejan el optimismo de los niños, palabras esgrimidas por mi hijo de 6 años y que deberían calar hondo en nuestra consciencia: “Yo pienso que si la tierra hablara nos daría las gracias: gracias por darle más vida a la vida que ya tiene. Los animales que están muriendo por la contaminación también nos darían las gracias porque no todos somos malos”.



Benjamín Muñiz Alvarez Del Castillo
Twitter: @Benjamin_Muniz

viernes, 18 de noviembre de 2011

Ley General sobre trato digno y respetuoso hacia los animales

Tal vez sea porque la mayor parte de mi vida he tenido el privilegio de tener a mi lado a alguna mascota, normalmente perros, tal vez sea porque veo a los animales como seres vivos con sentimientos, pero lo que tengo totalmente claro es que ellos también tienen derechos, derechos que deben ser consagrados y protegidos por las leyes, tanto federales como locales.
Muchas fuerzas políticas evitan entrar a esta discusión escudándose en el hecho que hay temas prioritarios que atender, y que no se pueden descuidar los actos que afecten directamente a los seres humanos. A todos aquellos hay que darles herramientas para que se den cuenta que el maltrato animal, en todas sus modalidades, repercuten directamente en el desarrollo del ser humano.
En la exposición de motivos de la iniciativa de Ley General sobre el trato digno y respetuoso hacia los animales, la Diputada Gabriela Cuevas Barrón manifiesta que lograr un equilibrio ecológico y un medio ambiente sano debe ser una de las prioridades en las tareas de todo gobierno Dentro de esas funciones se incluye el trato digno y respetuoso que debe darse a las especies animales a efecto de evitar la crueldad en su contra y pugnar por una sociedad más responsable.
Hace ver también que en el marco jurídico nacional e internacional se ha incluido el término de bienestar animal como pilar de la protección y el cuidado de los animales´, así como que dicho bienestar está basado en la idea (yo lo considero un hecho incuestionable) de que el ser humano tiene la responsabilidad de proveerles las condiciones que no sólo minimicen su sufrimiento, sino que les permitan lograr su pleno desarrollo. De igual manera, hace suyo el principio consagrado por la Declaración Universal sobre Bienestar Animal que establece no sólo que los animales son seres que sienten y que, por tanto, merecen la debida consideración y respeto, sino también que los seres humano coexistimos en este planeta junto con otras especies formando un ecosistema interdependiente.
En dicha exposición de motivos, la Dip. Cuevas establece que “es nuestro deber (como gobierno) elaborar un marco legal adecuado para erradicar la crueldad animal y atender las necesidades de bienestar de estos seres, considerando que la cultura en un país también se nota en el trato que se da a todos los seres vivos”. Estoy totalmente de acuerdo con la Diputada en el sentido que los legisladores tienen dicho deber, pero yo iría más allá, es nuestro deber como sociedad exigir que este marco legal sea expedido y que el mismo contemple de manera completa los derechos de los animales, así como las sanciones a que se haría acreedor quien infrinja dichos derechos.
Para que nuestros legisladores comprendan que la cuestión de protección animal va más allá de una idea romántica, me permito transcribir un fragmento de la exposición de la Iniciativa de Ley General en comento, específicamente del apartado de exposición de motivos:
“… el tema del bienestar animal rebasa las cuestiones medioambientales y de salud pública para circunscribirse principalmente en la esfera de la ética colectiva…
En los últimos años hemos presenciado incontables escenas de maltrato hacia todo tipo de animales, situaciones que les ocasionan dolor innecesario, sufrimiento o estrés, y que van desde la negligencia en los cuidados básicos (como la omisión en la provisión de refugio, alimentación y/o atención veterinaria adecuada) hasta los actos de tortura, mutilación o sacrificio cruel e intencional. Estas acciones que por sí mismas son injustificables y moralmente reprochables, también pueden conllevar perjuicios a la sociedad como: a) los efectos negativos que origina la sobrepoblación de animales en la calle y b) la violencia que ocasiona entre las personas el maltrato sistemático hacia los animales.”
Definitivamente, la cuestión de maltrato animal rebasa la esfera que muchos políticos, de manera injustificada, han pretendido limitar entre los derechos de los seres humanos y de los animales. Desgraciadamente, nos hemos acostumbrado a creernos que tenemos el ius abutendi sobre los animales cuando no hay nada más alejado de la realidad que esto. Estoy leyendo un libro escrito por el alemán Frank Schätzing titulado “El Quinto Día” en el cual toca de una manera muy ejemplificativa las consecuencias que nuestra excesiva sobreexplotación de los recursos naturales traen como consecuencia, cuestiones por todos conocidos como tsunamis, calentamiento global e, incluso, ataque de animales que se consideraban dóciles. Simplemente basta leer el subtítulo del mencionado libro para entender los alcances “Los océanos se rebelan contra la especie más peligrosa de la Tierra: el hombre”. Definitivamente, somos la especie más peligrosa que existe sobre la faz de nuestro planeta.
La sobrepoblación de los animales genera que los que se encuentran abandonados ataquen a personas que transitan cerca de ellos, sin embargo, el verdadero problema respecto a animales abandonados radica en la cuestión de salud e higiene. Según los datos de los Servicios de Salud Pública del Distrito Federal, mencionados por la Dip. Cuevas en su iniciativa, tan sólo en la capital de la República existen alrededor de 12,000 perros callejeros, mismos que producen de 1,080 a 1,800 toneladas mensuales de heces. Ante estas cifras entiendo un dato que, hace muchos años compartía mi papá conmigo, si las heces que flotan en el ambiente fueran fluorescentes, el Distrito Federal no necesitaría energía eléctrica. Ahora, ¿cuántos problemas genera esta sobreexposición a las heces fecales? La cantidad de enfermedades producidas por este fenómeno son evidentes: enfermedades respiratorias, enfermedades gastrointestinales, entre otras.
Si para nuestros legisladores esto no es suficiente para darse cuenta que el maltrato animal nos afecta de manera directa, pasemos al punto de la crueldad. Está demostrado por diversos estudios, tanto psicológicos como criminológicos, que existe cierta relación con la violencia que se ejerce hacia los animales con la que se ejerce en contra de otras personas. La Fundación Argentina de Bienestar Animal ha señalado que los individuos que maltratan animales tienen 11 veces más probabilidades de cometer delitos violentos que aquellos que no lo han hecho. Aunado a esto, en los asesinos seriales que han sido investigados por el Departamento Federal de Investigaciones de los Estados Unidos (FBI por sus siglas en inglés), se ha encontrado que la gran mayoría de ellos presentó durante su infancia crueldad hacia los animales (esta crueldad forma parte de la denominada triada fatídica: crueldad contra los animales, piromanía e incontinencia urinaria durante las noches, que en su conjunto pueden ser señales de alerta que no debemos descuidar en los pequeños). Utilicemos por ejemplo el caso de John Wayne Gacy, el payaso asesino, quien durante su infancia gustaba de matar y desollar a gatos, y ya ni hablar de Ed Gein. Si esto no es motivo suficiente para que los legisladores le otorguen el rango que los derechos de animales deben tener, nada lo será.
Para los que amamos a los animales, las palabras plasmadas por Gabriela Cuevas en el apartado Propuesta de la Exposición de Motivos de su iniciativa se encuentran llenas de verdad y estoy seguro que desearíamos que la sociedad en general aprendiera de ellas:

“El bienestar de los animales no sólo implica proveerles de los cuidados básicos tales como salud, alimentación adecuada y espacio de descanso que los resguarde de las inclemencias del tiempo. También comprende la adopción de medidas que les permitan desarrollar las actividades propias de su especie. De esta manera, las personas deben comprometerse a asumir una serie de obligaciones enfocadas en la satisfacción de las necesidades físicas, psicológicas y ambientales de los animales, previniendo en todo momento las afectaciones que puedan ocasionar a la comunidad o al medio ambiente, ya sea por agresiones, transmisión de enfermedades o daños a las personas y a sus bienes.
… el reconocimiento de que el cuidado y la protección de los animales recae directamente en sus guardianes, desde el mantenimiento del animal según sus requerimientos fisiológicos hasta su consideración como ser vivo con el que se establece un vínculo y que, no puede ni debe ser abandonado…”
Es por tal motivo que la también presidenta de la Comisión del Distrito Federal en la Cámara de Diputados presentó la iniciativa de Ley General sobre Trato Digno y Respetuoso hacia los Animales, buscando de esta manera generar un marco jurídico que de manera efectiva abogue por estos seres que se encuentran indefensos ante nuestra capacidad destructiva.
Aún cuando difiero de otorgar a esta Ley el carácter de Reglamentaria del artículo 73 fracción XXIX-G Constitucional (considero que no se está reglamentando la manera de ejercer la facultad establecida en dicha fracción, sino que se está buscando expedir una ley en uso de las atribuciones conferidas por la fracción en comento), considero que el objeto de la misma, consagrado en su artículo 3 es bastante amplio y es un gran punto de partida para buscar la protección animal. El artículo 3 de dicha iniciativa es del tenor literal siguiente:
Artículo 3.- Las disposiciones de esta Ley tienen por objeto establecer las bases para:
1.       Garantizar el bienestar de los animales, evitándoles enfermedades y sufrimientos innecesarios;
2.       Regular el trato digno y respetuoso hacia los animales controlando su reproducción mediante sistemas que eviten la crueldad;
3.       Fomentar la participación de los sectores público y privado en la promoción de una cultura de respeto por los animales y su bienestar;
4.       Promover la importancia ecológica, social y cultural que representa la procuración de niveles adecuados de bienestar de los animales;
5.       Garantizar la participación corresponsable de las personas, en forma individual y colectiva, en la protección de los animales;
6.       Impulsar mecanismos de coordinación entre autoridades de la federación, entidades federativas, municipios y demarcaciones territoriales, así como entre éstas y los sectores social y privado, en materia de protección de los animales; y
7.       Garantizar el cumplimiento y la aplicación de esta Ley, como la imposición de las sanciones administrativas que correspondan.”
El único punto en el que difiero en este artículo es la cuestión de la sanción administrativa, pero ya lo tocaré más adelante.
Hay puntos que considero de vital importancia en el texto de la Ley propuesta por Gabriela Cuevas:
Ø  Instalar y operar los Centros de Control y Atención Animal, a fin de evitar el maltrato y el sacrificio injustificado, procurando en todo momento la protección, la preservación y el trato digno de los animales;
Ø  Se obliga a la creación de Consejos Ciudadanos que supervisen el trato que se proporcione en los Centros mencionados;
Ø  Señalar en los respectivos presupuestos de egresos el monto destinado a cada Centro;
Ø  Las autoridades de los tres órdenes de gobierno deberán implementar acciones programáticas en materia de bienestar y protección animal en las zonas metropolitanas, así como participar en la capacitación y actualización de su personal en el trato, sociabilización, interacción y manejo de los animales;
Ø  Las autoridades vigilarán que las transmisiones de radio y televisión no incluyan programas cuyo contenido fomente el maltrato animal;
Ø  Se prohíbe el uso de recursos públicos para financiar espectáculos donde se utilicen animales con cualquier finalidad;
Ø  Las autoridades educativas deberán integrar en los planes y programas de estudio, así como en los libros de texto, contenidos que promuevan la cultura de respeto a los animales; y
Ø  Las prohibiciones contenidas en el artículo 17, específicamente las consagradas en los apartados 9 y 10 que se refieren a la prohibición de permitir la presencia de menores de edad en los centros de control animal y en todo acto que implique tortura, maltrato o muerte de cualquier animal (incluidos eventos) y celebrar corridas de toros, novillos y becerros, respectivamente.
El único punto por el cual seguiré pugnando es que considero que para la adecuada protección animal no basta con castigar las infracciones a los cuerpos normativos con meras sanciones administrativas. Considero que estas infracciones, máxime tratándose de actos de crueldad o zoofilia, deben ser elevadas a delitos y sancionadas como tal.
Evidentemente, como cualquier creación humana, la iniciativa presentada por la Diputada Gabriela Cuevas Barrón es perfectible, pero también es cierto que es un gran primer paso para lograr el fin que muchos buscamos. Aplaudo el gran sentido de humanidad de la Diputada al dejar a lado presiones y buscar que nuestros animales tengan un marco jurídico que los protejan. Solo espero que, en aras de intereses ocultos, como tantas veces ha sucedido en nuestro país, nuestros legisladores no metan esta iniciativa a la congeladora. Exijamos que esta ley sea promulgada.

Benjamín Muñiz Alvarez Del Castillo
Twitter: @Benjamin_Muniz

viernes, 4 de noviembre de 2011

Lealtad animal

El diccionario de la Real Academia Española define lealtad, en una de sus acepciones, como el amor o gratitud que muestran al hombre algunos animales, como el perro o el caballo. Aún a pesar que esta definición se acerca bastante a la realidad, no considero que la lealtad sea algo que se puede acotar a los perros y los caballos, sino a los animales en general, pero la duda recae en que tan profunda es esa lealtad o en que es capaz de hacer un animal para favorecer o ayudar a un ser humano.

Una cosa tengo segura, la lealtad que los animales tienen para con los seres humanos, no es correspondida. El ser humano, por naturaleza, no es leal. Es el único ser que traiciona, que manipula, que es capaz de realizar cualquier acto con tal de obtener lo que desea.

Si hay algo que siempre me ha gustado de los animales es precisamente esta característica: su lealtad, como tratan a sus dueños con cariño, aun cuando el mismo pueda no ser correspondido. Esto me enoja, los seres humanos muchas veces hemos abusado de esa lealtad y hemos generado daño a los animales que están a nuestro lado para hacernos compañía, porque aún los animales en estado silvestre, a su manera y dentro de su instinto, nos hacen compañía. Es de vital importancia que entendamos verdaderamente que todos los que cohabitamos este planeta estamos unidos por lazaos invisibles, que lo que le sucede a una especie nos afecta a las demás. En la medida que aceptemos esta verdad, podremos generar un entorno de protección animal eficaz en que accedamos a considerar a los animales como seres vivos que merecen también el reconocimiento de sus derechos y defensa de los mismos.

A lo largo de nuestra historia, existen diversos pasajes que demuestran extensamente el grado de fidelidad que pueden tener los animales para con los seres humanos y para otras especies. Recuerdo que hace algunas semanas veía en la televisión un episodio de “El Encantador de Perros” donde César Millán rehabilitó a un perro guía, un perro que se encargaba de cuidar y apoyar a una mujer que tenía una enfermedad incapacitante. Esta mujer no podía moverse por si misma, estaba atada a una silla de ruedas y le era imposible realizar muchas tareas que para nosotros son mecánicas. El cariño, la paciencia, la entrega que reflejaba aquel labrador era en verdad increíble. Aquel perro se volvió el compañero y amigo más íntimo de aquella mujer, incluso ella aceptó que su perro guía le había enseñado muchas más cosas de las que ella creía que un perro era capaz de enseñar.

Historias que podrían parecer increíbles existen muchas. Hace algún tiempo, 3 peones paraguayos fueron atacados por un jaguar en Montelindo, población que se encuentra a 210 kilómetros de Asunción, la capital. Ante lo que parecía una escena de muerte segura entre las fauces de aquel felino, tres perros aparecieron para cambiar la historia que se estaba escribiendo. Después de que los peones habían sido gravemente heridos por el jaguar, los 3 canes se encargaron de acorralarlo, obligándolo a huir hacia el monte.

Otra historia que demuestra la lealtad de los perros: Un ingeniero invidente, de nombre Omar Eduardo Rivera, trabajaba en el piso 71 de una de las Torres Gemelas. Dada su condición, el Ingeniero requería contar con un lazarillo, quien recibía el nombre de Salty. Al producirse los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, Salty se levantó y arrastró al Ingeniero Rivera escaleras abajo entre una lluvia de cristales. 1 hora con 15 minutos después, ambos habían terminado de bajar por las escaleras de emergencia, saliendo sanos y salvos de aquel infierno.

La lealtad que un ser humano sintió por su bulldog enferma de cáncer terminó por salvarle la vida. Scott Seymour, un residente de Grand Rapids, Michigan, llevó a su bulldog de 9 años, Brittney, al veterinario, quien la diagnóstico con cáncer. El veterinario explicó al dueño que la condición del animal era tan delicada que no podría sobrevivir una intervención quirúrgica, y el dueño consideró que un tratamiento de quimioterapia sería demasiado invasivo para Brittney, por lo que el médico recomendó la eutanasia. Seymour rechazó esta opción y decidió medicar a Brittney para aliviar el dolor que sentía hasta que muriera naturalmente. Apenas 2 semanas después de haber tomado esta decisión, Brittney despertó con sus ladridos a Seymour en la madrugada del sábado 23 de mayo de 2009. El motivo de los ladridos era que la casa estaba en llamas. Gracias a los ladridos de Brittney, ambos lograron escapar del inmueble que quedó totalmente consumido por las llamas.

Casos como los narrados anteriormente existen muchos en todo el mundo. Nombrarlos uno por uno sería imposible, sin embargo, uno de los ejemplos más conocidos, dada la publicidad que se le ha hecho a través de las películas, es el de un perro Akita llamado Hachiko quien vivió poco mas de 11 años. Hachiko fue la mascota de Eisaburo Ueno, quien fuera profesor del departamento de agricultura de la Universidad de Tokio. Hachiko originalmente sería la mascota de la hija del profesor Ueno, sin embargo, ella se embarazó y se salió de su casa para ir a vivir a la casa del padre de su novio. Ante esto, Hachiko sería dado en adopción, sin embargo el profesor Ueno se enamoró perdidamente del cachorro, por lo que lo adoptó como suyo. Durante todos los días, Hachiko acompañaba a su dueño a la estación del tren en Shibuya para que éste fuera a impartir su cátedra en la Universidad y lo esperaba a su regreso, hasta que un día, Ueno no regresó. Víctima de un derrame cerebral durante su clase, el profesor falleció. Todos los días, durante 10 años, sin importar el clima, Hachicko regresó a la estación del tren a esperar el regreso del profesor Ueno. A tal grado conmovió la fidelidad de Hachiko hacia su amo que lo apodaron el perro fiel y, en abril de 1934, apenas 11 meses antes de su fallecimiento, erigieron una estatua de bronce en su honor, estando él presente. Esta estatua tuvo que ser reutilizada con motivo de la Segunda Guerra Mundial, pero otra fue construida en agosto de 1947, la cual aún permanece. El 8 de marzo de 1935, Hachiko murió y su cuerpo fue encontrado frente a la estación de Shibuya. Sus restos fueron depositados en una caseta de piedra que se construyó al pie de la tumba del profesor Ueno. El 8 de marzo de cada año, se conmemora, ante su estatua, a este perro que es una muestra de la fidelidad de los animales. A tal grado impactó este caso, que en 1987 fue estrenada la película Hachiko monogatari en la que se cuenta su historia. Además, en 2009 fue estrenado el re-make estadounidense de esta película bajo el título Siempre a tu lado, estelarizada por Richard Gere.

No solamente los perros muestran este nivel de lealtad, también los animales marinos, como el delfín y las ballenas. Existen numerosos casos de estos animales que ponen en riesgo sus propias vidas con tal de salvar la vida de otros animales o seres humanos que están en peligro.

Para todos aquellos que consideran que los animales no son inteligentes, estas muestras de lealtad nos dejan ver que si lo son. Sin temor a exagerar puedo decir que ya quisiéramos los seres humanos tener aunque fuera una fracción de esta fidelidad. El ser humano por naturaleza es traicionero. Deberíamos aprender de los animales. Además, ciertos animales, como los primates, delfines y las ballenas blancas, tienen la capacidad de reconocer su reflejo en un espejo, lo que hace creer que también tienen un sentido de identidad. También se cree, aunque no se ha comprobado, que estos animales tienen la capacidad de sentir empatía hacia otros animales de su misma especie.

No nos vayamos más lejos, quienes tenemos la fortuna de tener un perro en nuestra casa sabemos lo que es un recibimiento cálido. La mascota, sin importar la hora, sin importar las condiciones del tiempo, siempre estará ahí para recibirnos. Recuerdo un día en que, debido a la carga de trabajo, tuve que salir de la oficina hasta las 3 a.m. Mi esposa en casa, sabiendo esta circunstancia, había decidido irse a dormir, sin embargo, una pequeña perrita maltes, a quien tengo el honor de tener como mascota, no permitía que mi esposa se fuera a la cama a dormir. Le ladraba y le ladraba, viendo hacia la puerta de entrada de la casa. Hasta que mi esposa decidió irse a la sala, mi perrita se tranquilizó. El cansancio pudo más que mi esposa y se quedó profundamente dormida en un sillón, mientras que mi perrita, despierta, esperaba al pie de la puerta el momento en que yo llegara. Solamente hasta que llegué, mi perrita pudo dormir a los pies de mi cama. ¡Qué muestra de fidelidad!

Ante todo esto no puedo sino preguntarme, ¿por qué nos empeñamos en destruir vidas tan nobles? Los animales nos dan todo, y solamente esperan una cosa a cambio, que los cuidemos, que cuidemos su ambiente, que les proporcionemos un entorno en el que puedan crecer sin preocupaciones. ¿Nosotros que hacemos? Lo contrario, los cazamos, los atacamos, invadimos su hábitat, los hacemos que se escondan en las selvas, en los bosques, los aniquilamos. ¿Cuántos tigres siguen existiendo? ¿Cuántos osos panda? ¿Cuántas especies se han extinguido por culpa del ser humano? Desgraciadamente, las respuestas producen un dolor impresionante.

Los animales son seres vivos que sienten, que piensan, que tienen la capacidad de gozar o sufrir. Es nuestro deber cuidarlos, es nuestro deber permitirles crecer. Dejemos de dañar su hábitat, dejemos de contaminar nuestro planeta. En verdad, a mi me encantaría que mis nietos lleguen a conocer al oso panda, en vivo, y no solamente a través de los recuerdos de su abuelo o de una fotografía. En verdad, desde lo más profundo de mi ser les pido, detengámonos y reflexionemos en lo que estamos haciendo, en el daño que hemos causado a este planeta, a las especies que hemos dañado, a las que, por nuestra causa, han desaparecido para siempre. Unámonos, sacrifiquemos un poco por un mejor futuro, hagamos conciencia y entendamos que no podemos existir sin los animales*

Además de todo esto, también hago un llamado para que aprendamos de ellos, para que busquemos tener la nobleza y la fidelidad que ellos tienen. Con motivo de lo acontecido con el Diputado Cristian Vargas me preguntaba si esta persona sabía algo de protección de los animales, a lo que un buen amigo me contestó, en tono sarcástico, que claro que sabía, a final de cuentas él era uno. Mi respuesta no pudo ser otra que decir que ojalá él, y todos nosotros, fuéramos así, porque entre los animales no existe la traición ni el odio. Ojalá algún día aprendamos.

Benjamín Muñiz Alvarez Del Castillo
Twitter: @Benjamin_Muniz