viernes, 18 de noviembre de 2011

Ley General sobre trato digno y respetuoso hacia los animales

Tal vez sea porque la mayor parte de mi vida he tenido el privilegio de tener a mi lado a alguna mascota, normalmente perros, tal vez sea porque veo a los animales como seres vivos con sentimientos, pero lo que tengo totalmente claro es que ellos también tienen derechos, derechos que deben ser consagrados y protegidos por las leyes, tanto federales como locales.
Muchas fuerzas políticas evitan entrar a esta discusión escudándose en el hecho que hay temas prioritarios que atender, y que no se pueden descuidar los actos que afecten directamente a los seres humanos. A todos aquellos hay que darles herramientas para que se den cuenta que el maltrato animal, en todas sus modalidades, repercuten directamente en el desarrollo del ser humano.
En la exposición de motivos de la iniciativa de Ley General sobre el trato digno y respetuoso hacia los animales, la Diputada Gabriela Cuevas Barrón manifiesta que lograr un equilibrio ecológico y un medio ambiente sano debe ser una de las prioridades en las tareas de todo gobierno Dentro de esas funciones se incluye el trato digno y respetuoso que debe darse a las especies animales a efecto de evitar la crueldad en su contra y pugnar por una sociedad más responsable.
Hace ver también que en el marco jurídico nacional e internacional se ha incluido el término de bienestar animal como pilar de la protección y el cuidado de los animales´, así como que dicho bienestar está basado en la idea (yo lo considero un hecho incuestionable) de que el ser humano tiene la responsabilidad de proveerles las condiciones que no sólo minimicen su sufrimiento, sino que les permitan lograr su pleno desarrollo. De igual manera, hace suyo el principio consagrado por la Declaración Universal sobre Bienestar Animal que establece no sólo que los animales son seres que sienten y que, por tanto, merecen la debida consideración y respeto, sino también que los seres humano coexistimos en este planeta junto con otras especies formando un ecosistema interdependiente.
En dicha exposición de motivos, la Dip. Cuevas establece que “es nuestro deber (como gobierno) elaborar un marco legal adecuado para erradicar la crueldad animal y atender las necesidades de bienestar de estos seres, considerando que la cultura en un país también se nota en el trato que se da a todos los seres vivos”. Estoy totalmente de acuerdo con la Diputada en el sentido que los legisladores tienen dicho deber, pero yo iría más allá, es nuestro deber como sociedad exigir que este marco legal sea expedido y que el mismo contemple de manera completa los derechos de los animales, así como las sanciones a que se haría acreedor quien infrinja dichos derechos.
Para que nuestros legisladores comprendan que la cuestión de protección animal va más allá de una idea romántica, me permito transcribir un fragmento de la exposición de la Iniciativa de Ley General en comento, específicamente del apartado de exposición de motivos:
“… el tema del bienestar animal rebasa las cuestiones medioambientales y de salud pública para circunscribirse principalmente en la esfera de la ética colectiva…
En los últimos años hemos presenciado incontables escenas de maltrato hacia todo tipo de animales, situaciones que les ocasionan dolor innecesario, sufrimiento o estrés, y que van desde la negligencia en los cuidados básicos (como la omisión en la provisión de refugio, alimentación y/o atención veterinaria adecuada) hasta los actos de tortura, mutilación o sacrificio cruel e intencional. Estas acciones que por sí mismas son injustificables y moralmente reprochables, también pueden conllevar perjuicios a la sociedad como: a) los efectos negativos que origina la sobrepoblación de animales en la calle y b) la violencia que ocasiona entre las personas el maltrato sistemático hacia los animales.”
Definitivamente, la cuestión de maltrato animal rebasa la esfera que muchos políticos, de manera injustificada, han pretendido limitar entre los derechos de los seres humanos y de los animales. Desgraciadamente, nos hemos acostumbrado a creernos que tenemos el ius abutendi sobre los animales cuando no hay nada más alejado de la realidad que esto. Estoy leyendo un libro escrito por el alemán Frank Schätzing titulado “El Quinto Día” en el cual toca de una manera muy ejemplificativa las consecuencias que nuestra excesiva sobreexplotación de los recursos naturales traen como consecuencia, cuestiones por todos conocidos como tsunamis, calentamiento global e, incluso, ataque de animales que se consideraban dóciles. Simplemente basta leer el subtítulo del mencionado libro para entender los alcances “Los océanos se rebelan contra la especie más peligrosa de la Tierra: el hombre”. Definitivamente, somos la especie más peligrosa que existe sobre la faz de nuestro planeta.
La sobrepoblación de los animales genera que los que se encuentran abandonados ataquen a personas que transitan cerca de ellos, sin embargo, el verdadero problema respecto a animales abandonados radica en la cuestión de salud e higiene. Según los datos de los Servicios de Salud Pública del Distrito Federal, mencionados por la Dip. Cuevas en su iniciativa, tan sólo en la capital de la República existen alrededor de 12,000 perros callejeros, mismos que producen de 1,080 a 1,800 toneladas mensuales de heces. Ante estas cifras entiendo un dato que, hace muchos años compartía mi papá conmigo, si las heces que flotan en el ambiente fueran fluorescentes, el Distrito Federal no necesitaría energía eléctrica. Ahora, ¿cuántos problemas genera esta sobreexposición a las heces fecales? La cantidad de enfermedades producidas por este fenómeno son evidentes: enfermedades respiratorias, enfermedades gastrointestinales, entre otras.
Si para nuestros legisladores esto no es suficiente para darse cuenta que el maltrato animal nos afecta de manera directa, pasemos al punto de la crueldad. Está demostrado por diversos estudios, tanto psicológicos como criminológicos, que existe cierta relación con la violencia que se ejerce hacia los animales con la que se ejerce en contra de otras personas. La Fundación Argentina de Bienestar Animal ha señalado que los individuos que maltratan animales tienen 11 veces más probabilidades de cometer delitos violentos que aquellos que no lo han hecho. Aunado a esto, en los asesinos seriales que han sido investigados por el Departamento Federal de Investigaciones de los Estados Unidos (FBI por sus siglas en inglés), se ha encontrado que la gran mayoría de ellos presentó durante su infancia crueldad hacia los animales (esta crueldad forma parte de la denominada triada fatídica: crueldad contra los animales, piromanía e incontinencia urinaria durante las noches, que en su conjunto pueden ser señales de alerta que no debemos descuidar en los pequeños). Utilicemos por ejemplo el caso de John Wayne Gacy, el payaso asesino, quien durante su infancia gustaba de matar y desollar a gatos, y ya ni hablar de Ed Gein. Si esto no es motivo suficiente para que los legisladores le otorguen el rango que los derechos de animales deben tener, nada lo será.
Para los que amamos a los animales, las palabras plasmadas por Gabriela Cuevas en el apartado Propuesta de la Exposición de Motivos de su iniciativa se encuentran llenas de verdad y estoy seguro que desearíamos que la sociedad en general aprendiera de ellas:

“El bienestar de los animales no sólo implica proveerles de los cuidados básicos tales como salud, alimentación adecuada y espacio de descanso que los resguarde de las inclemencias del tiempo. También comprende la adopción de medidas que les permitan desarrollar las actividades propias de su especie. De esta manera, las personas deben comprometerse a asumir una serie de obligaciones enfocadas en la satisfacción de las necesidades físicas, psicológicas y ambientales de los animales, previniendo en todo momento las afectaciones que puedan ocasionar a la comunidad o al medio ambiente, ya sea por agresiones, transmisión de enfermedades o daños a las personas y a sus bienes.
… el reconocimiento de que el cuidado y la protección de los animales recae directamente en sus guardianes, desde el mantenimiento del animal según sus requerimientos fisiológicos hasta su consideración como ser vivo con el que se establece un vínculo y que, no puede ni debe ser abandonado…”
Es por tal motivo que la también presidenta de la Comisión del Distrito Federal en la Cámara de Diputados presentó la iniciativa de Ley General sobre Trato Digno y Respetuoso hacia los Animales, buscando de esta manera generar un marco jurídico que de manera efectiva abogue por estos seres que se encuentran indefensos ante nuestra capacidad destructiva.
Aún cuando difiero de otorgar a esta Ley el carácter de Reglamentaria del artículo 73 fracción XXIX-G Constitucional (considero que no se está reglamentando la manera de ejercer la facultad establecida en dicha fracción, sino que se está buscando expedir una ley en uso de las atribuciones conferidas por la fracción en comento), considero que el objeto de la misma, consagrado en su artículo 3 es bastante amplio y es un gran punto de partida para buscar la protección animal. El artículo 3 de dicha iniciativa es del tenor literal siguiente:
Artículo 3.- Las disposiciones de esta Ley tienen por objeto establecer las bases para:
1.       Garantizar el bienestar de los animales, evitándoles enfermedades y sufrimientos innecesarios;
2.       Regular el trato digno y respetuoso hacia los animales controlando su reproducción mediante sistemas que eviten la crueldad;
3.       Fomentar la participación de los sectores público y privado en la promoción de una cultura de respeto por los animales y su bienestar;
4.       Promover la importancia ecológica, social y cultural que representa la procuración de niveles adecuados de bienestar de los animales;
5.       Garantizar la participación corresponsable de las personas, en forma individual y colectiva, en la protección de los animales;
6.       Impulsar mecanismos de coordinación entre autoridades de la federación, entidades federativas, municipios y demarcaciones territoriales, así como entre éstas y los sectores social y privado, en materia de protección de los animales; y
7.       Garantizar el cumplimiento y la aplicación de esta Ley, como la imposición de las sanciones administrativas que correspondan.”
El único punto en el que difiero en este artículo es la cuestión de la sanción administrativa, pero ya lo tocaré más adelante.
Hay puntos que considero de vital importancia en el texto de la Ley propuesta por Gabriela Cuevas:
Ø  Instalar y operar los Centros de Control y Atención Animal, a fin de evitar el maltrato y el sacrificio injustificado, procurando en todo momento la protección, la preservación y el trato digno de los animales;
Ø  Se obliga a la creación de Consejos Ciudadanos que supervisen el trato que se proporcione en los Centros mencionados;
Ø  Señalar en los respectivos presupuestos de egresos el monto destinado a cada Centro;
Ø  Las autoridades de los tres órdenes de gobierno deberán implementar acciones programáticas en materia de bienestar y protección animal en las zonas metropolitanas, así como participar en la capacitación y actualización de su personal en el trato, sociabilización, interacción y manejo de los animales;
Ø  Las autoridades vigilarán que las transmisiones de radio y televisión no incluyan programas cuyo contenido fomente el maltrato animal;
Ø  Se prohíbe el uso de recursos públicos para financiar espectáculos donde se utilicen animales con cualquier finalidad;
Ø  Las autoridades educativas deberán integrar en los planes y programas de estudio, así como en los libros de texto, contenidos que promuevan la cultura de respeto a los animales; y
Ø  Las prohibiciones contenidas en el artículo 17, específicamente las consagradas en los apartados 9 y 10 que se refieren a la prohibición de permitir la presencia de menores de edad en los centros de control animal y en todo acto que implique tortura, maltrato o muerte de cualquier animal (incluidos eventos) y celebrar corridas de toros, novillos y becerros, respectivamente.
El único punto por el cual seguiré pugnando es que considero que para la adecuada protección animal no basta con castigar las infracciones a los cuerpos normativos con meras sanciones administrativas. Considero que estas infracciones, máxime tratándose de actos de crueldad o zoofilia, deben ser elevadas a delitos y sancionadas como tal.
Evidentemente, como cualquier creación humana, la iniciativa presentada por la Diputada Gabriela Cuevas Barrón es perfectible, pero también es cierto que es un gran primer paso para lograr el fin que muchos buscamos. Aplaudo el gran sentido de humanidad de la Diputada al dejar a lado presiones y buscar que nuestros animales tengan un marco jurídico que los protejan. Solo espero que, en aras de intereses ocultos, como tantas veces ha sucedido en nuestro país, nuestros legisladores no metan esta iniciativa a la congeladora. Exijamos que esta ley sea promulgada.

Benjamín Muñiz Alvarez Del Castillo
Twitter: @Benjamin_Muniz

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