viernes, 4 de noviembre de 2011

Lealtad animal

El diccionario de la Real Academia Española define lealtad, en una de sus acepciones, como el amor o gratitud que muestran al hombre algunos animales, como el perro o el caballo. Aún a pesar que esta definición se acerca bastante a la realidad, no considero que la lealtad sea algo que se puede acotar a los perros y los caballos, sino a los animales en general, pero la duda recae en que tan profunda es esa lealtad o en que es capaz de hacer un animal para favorecer o ayudar a un ser humano.

Una cosa tengo segura, la lealtad que los animales tienen para con los seres humanos, no es correspondida. El ser humano, por naturaleza, no es leal. Es el único ser que traiciona, que manipula, que es capaz de realizar cualquier acto con tal de obtener lo que desea.

Si hay algo que siempre me ha gustado de los animales es precisamente esta característica: su lealtad, como tratan a sus dueños con cariño, aun cuando el mismo pueda no ser correspondido. Esto me enoja, los seres humanos muchas veces hemos abusado de esa lealtad y hemos generado daño a los animales que están a nuestro lado para hacernos compañía, porque aún los animales en estado silvestre, a su manera y dentro de su instinto, nos hacen compañía. Es de vital importancia que entendamos verdaderamente que todos los que cohabitamos este planeta estamos unidos por lazaos invisibles, que lo que le sucede a una especie nos afecta a las demás. En la medida que aceptemos esta verdad, podremos generar un entorno de protección animal eficaz en que accedamos a considerar a los animales como seres vivos que merecen también el reconocimiento de sus derechos y defensa de los mismos.

A lo largo de nuestra historia, existen diversos pasajes que demuestran extensamente el grado de fidelidad que pueden tener los animales para con los seres humanos y para otras especies. Recuerdo que hace algunas semanas veía en la televisión un episodio de “El Encantador de Perros” donde César Millán rehabilitó a un perro guía, un perro que se encargaba de cuidar y apoyar a una mujer que tenía una enfermedad incapacitante. Esta mujer no podía moverse por si misma, estaba atada a una silla de ruedas y le era imposible realizar muchas tareas que para nosotros son mecánicas. El cariño, la paciencia, la entrega que reflejaba aquel labrador era en verdad increíble. Aquel perro se volvió el compañero y amigo más íntimo de aquella mujer, incluso ella aceptó que su perro guía le había enseñado muchas más cosas de las que ella creía que un perro era capaz de enseñar.

Historias que podrían parecer increíbles existen muchas. Hace algún tiempo, 3 peones paraguayos fueron atacados por un jaguar en Montelindo, población que se encuentra a 210 kilómetros de Asunción, la capital. Ante lo que parecía una escena de muerte segura entre las fauces de aquel felino, tres perros aparecieron para cambiar la historia que se estaba escribiendo. Después de que los peones habían sido gravemente heridos por el jaguar, los 3 canes se encargaron de acorralarlo, obligándolo a huir hacia el monte.

Otra historia que demuestra la lealtad de los perros: Un ingeniero invidente, de nombre Omar Eduardo Rivera, trabajaba en el piso 71 de una de las Torres Gemelas. Dada su condición, el Ingeniero requería contar con un lazarillo, quien recibía el nombre de Salty. Al producirse los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, Salty se levantó y arrastró al Ingeniero Rivera escaleras abajo entre una lluvia de cristales. 1 hora con 15 minutos después, ambos habían terminado de bajar por las escaleras de emergencia, saliendo sanos y salvos de aquel infierno.

La lealtad que un ser humano sintió por su bulldog enferma de cáncer terminó por salvarle la vida. Scott Seymour, un residente de Grand Rapids, Michigan, llevó a su bulldog de 9 años, Brittney, al veterinario, quien la diagnóstico con cáncer. El veterinario explicó al dueño que la condición del animal era tan delicada que no podría sobrevivir una intervención quirúrgica, y el dueño consideró que un tratamiento de quimioterapia sería demasiado invasivo para Brittney, por lo que el médico recomendó la eutanasia. Seymour rechazó esta opción y decidió medicar a Brittney para aliviar el dolor que sentía hasta que muriera naturalmente. Apenas 2 semanas después de haber tomado esta decisión, Brittney despertó con sus ladridos a Seymour en la madrugada del sábado 23 de mayo de 2009. El motivo de los ladridos era que la casa estaba en llamas. Gracias a los ladridos de Brittney, ambos lograron escapar del inmueble que quedó totalmente consumido por las llamas.

Casos como los narrados anteriormente existen muchos en todo el mundo. Nombrarlos uno por uno sería imposible, sin embargo, uno de los ejemplos más conocidos, dada la publicidad que se le ha hecho a través de las películas, es el de un perro Akita llamado Hachiko quien vivió poco mas de 11 años. Hachiko fue la mascota de Eisaburo Ueno, quien fuera profesor del departamento de agricultura de la Universidad de Tokio. Hachiko originalmente sería la mascota de la hija del profesor Ueno, sin embargo, ella se embarazó y se salió de su casa para ir a vivir a la casa del padre de su novio. Ante esto, Hachiko sería dado en adopción, sin embargo el profesor Ueno se enamoró perdidamente del cachorro, por lo que lo adoptó como suyo. Durante todos los días, Hachiko acompañaba a su dueño a la estación del tren en Shibuya para que éste fuera a impartir su cátedra en la Universidad y lo esperaba a su regreso, hasta que un día, Ueno no regresó. Víctima de un derrame cerebral durante su clase, el profesor falleció. Todos los días, durante 10 años, sin importar el clima, Hachicko regresó a la estación del tren a esperar el regreso del profesor Ueno. A tal grado conmovió la fidelidad de Hachiko hacia su amo que lo apodaron el perro fiel y, en abril de 1934, apenas 11 meses antes de su fallecimiento, erigieron una estatua de bronce en su honor, estando él presente. Esta estatua tuvo que ser reutilizada con motivo de la Segunda Guerra Mundial, pero otra fue construida en agosto de 1947, la cual aún permanece. El 8 de marzo de 1935, Hachiko murió y su cuerpo fue encontrado frente a la estación de Shibuya. Sus restos fueron depositados en una caseta de piedra que se construyó al pie de la tumba del profesor Ueno. El 8 de marzo de cada año, se conmemora, ante su estatua, a este perro que es una muestra de la fidelidad de los animales. A tal grado impactó este caso, que en 1987 fue estrenada la película Hachiko monogatari en la que se cuenta su historia. Además, en 2009 fue estrenado el re-make estadounidense de esta película bajo el título Siempre a tu lado, estelarizada por Richard Gere.

No solamente los perros muestran este nivel de lealtad, también los animales marinos, como el delfín y las ballenas. Existen numerosos casos de estos animales que ponen en riesgo sus propias vidas con tal de salvar la vida de otros animales o seres humanos que están en peligro.

Para todos aquellos que consideran que los animales no son inteligentes, estas muestras de lealtad nos dejan ver que si lo son. Sin temor a exagerar puedo decir que ya quisiéramos los seres humanos tener aunque fuera una fracción de esta fidelidad. El ser humano por naturaleza es traicionero. Deberíamos aprender de los animales. Además, ciertos animales, como los primates, delfines y las ballenas blancas, tienen la capacidad de reconocer su reflejo en un espejo, lo que hace creer que también tienen un sentido de identidad. También se cree, aunque no se ha comprobado, que estos animales tienen la capacidad de sentir empatía hacia otros animales de su misma especie.

No nos vayamos más lejos, quienes tenemos la fortuna de tener un perro en nuestra casa sabemos lo que es un recibimiento cálido. La mascota, sin importar la hora, sin importar las condiciones del tiempo, siempre estará ahí para recibirnos. Recuerdo un día en que, debido a la carga de trabajo, tuve que salir de la oficina hasta las 3 a.m. Mi esposa en casa, sabiendo esta circunstancia, había decidido irse a dormir, sin embargo, una pequeña perrita maltes, a quien tengo el honor de tener como mascota, no permitía que mi esposa se fuera a la cama a dormir. Le ladraba y le ladraba, viendo hacia la puerta de entrada de la casa. Hasta que mi esposa decidió irse a la sala, mi perrita se tranquilizó. El cansancio pudo más que mi esposa y se quedó profundamente dormida en un sillón, mientras que mi perrita, despierta, esperaba al pie de la puerta el momento en que yo llegara. Solamente hasta que llegué, mi perrita pudo dormir a los pies de mi cama. ¡Qué muestra de fidelidad!

Ante todo esto no puedo sino preguntarme, ¿por qué nos empeñamos en destruir vidas tan nobles? Los animales nos dan todo, y solamente esperan una cosa a cambio, que los cuidemos, que cuidemos su ambiente, que les proporcionemos un entorno en el que puedan crecer sin preocupaciones. ¿Nosotros que hacemos? Lo contrario, los cazamos, los atacamos, invadimos su hábitat, los hacemos que se escondan en las selvas, en los bosques, los aniquilamos. ¿Cuántos tigres siguen existiendo? ¿Cuántos osos panda? ¿Cuántas especies se han extinguido por culpa del ser humano? Desgraciadamente, las respuestas producen un dolor impresionante.

Los animales son seres vivos que sienten, que piensan, que tienen la capacidad de gozar o sufrir. Es nuestro deber cuidarlos, es nuestro deber permitirles crecer. Dejemos de dañar su hábitat, dejemos de contaminar nuestro planeta. En verdad, a mi me encantaría que mis nietos lleguen a conocer al oso panda, en vivo, y no solamente a través de los recuerdos de su abuelo o de una fotografía. En verdad, desde lo más profundo de mi ser les pido, detengámonos y reflexionemos en lo que estamos haciendo, en el daño que hemos causado a este planeta, a las especies que hemos dañado, a las que, por nuestra causa, han desaparecido para siempre. Unámonos, sacrifiquemos un poco por un mejor futuro, hagamos conciencia y entendamos que no podemos existir sin los animales*

Además de todo esto, también hago un llamado para que aprendamos de ellos, para que busquemos tener la nobleza y la fidelidad que ellos tienen. Con motivo de lo acontecido con el Diputado Cristian Vargas me preguntaba si esta persona sabía algo de protección de los animales, a lo que un buen amigo me contestó, en tono sarcástico, que claro que sabía, a final de cuentas él era uno. Mi respuesta no pudo ser otra que decir que ojalá él, y todos nosotros, fuéramos así, porque entre los animales no existe la traición ni el odio. Ojalá algún día aprendamos.

Benjamín Muñiz Alvarez Del Castillo
Twitter: @Benjamin_Muniz

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