Una parte importantísima para lo protección hacia los animales tiene que ver, sin lugar a dudas, con cuidar el medio ambiente en el cual viven. Evidentemente, si al entorno en el cual cierta clase de animales es destruido, esta raza ya no tendrá donde vivir, lo que conllevaría a un desequilibrio ecológico mayúsculo.
Este punto en específico es un ejemplo de los tantos temas en los que el problema no es tanto la falta de cuerpos normativos, sino la falta de aplicación de los mismos por parte de las autoridades competentes. La Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente establece una serie de reglas genéricas para poder llegar a una debida protección de la ecología y del medio ambiente y, además, establece la competencia de los tres órdenes de gobierno. No obstante lo anterior, vemos en diversas ocasiones que las autoridades respectivas no llevan a cabo sus funciones de ser garantes el medio ambiente, tal vez porque esto no les repercute tantos votos como cualquier otra actividad que puedan desarrollar.
En cumplimiento al mandamiento establecido en la mencionada Ley General, la entonces Jefa de Gobierno del Distrito Federal, Rosario Robles Berlanga promulgó la Ley Ambiental del Distrito Federal, misma que fue publicada en la Gaceta Oficial de esta capital el 13 de enero de 2000. Desgraciadamente, los resultados no se han visto. Esperemos que en algún momento, pronto, las autoridades hagan frente a sus responsabilidades y apliquen las penas conducentes, sin importar intereses económicos o de otra índole.
Para que veamos a que grado hemos maltratado nuestro planeta, y las consecuencias ecológicas que esto tiene, veamos algunos datos duros:
En los últimos 50 años, hemos terminado con la mitad de las especies animales que existían, entre los que se encuentran los siguientes:
Ø Oso del Atlas.
Ø Foca Monje.
Ø León de melena negra.
Ø Dodo
Además, existen especies que se encuentran en eminente peligro de extinción, como lo son:
Ø Oso polar.
Ø Oso panda.
Ø Focas.
Ø Diferentes tipos de ballenas.
Ø Tigres de bengala.
Ø Tigre blanco.
En verdad, no puedo concebir como podemos nosotros, como seres humanos, tener tan poco corazón como para matar hasta este punto a animales que no tienen la culpa de nuestra barbarie. Somos, en teoría, los seres pensantes, y somos a su vez la especie más peligrosa que existe en este mundo, los únicos que matamos por el placer de hacerlo, sin tener un verdadero motivo, tal como hacen los demás animales.
Por si esto fuera poco, hemos dañado tanto a nuestro planeta, que según estudios científicos, nuestro planeta se irá calentando paulatinamente cada vez más. De hecho, se tienen contempladas 4 fases de este calentamiento.
La primera de ellas comprende de 2009 a 2029 (si, leyeron bien, 2009, de hecho inició el 4 de enero de 2009). Este periodo estará caracterizado por lluvias en extremo fuertes, veranos extremadamente calurosos, tsunamis, desastres naturales y por el hecho que los polos empezarán a descongelarse.
La segunda de estas etapas se presentará, aproximadamente, entre los años 2030 y 2054. En este periodo, la capa de ozono que protege a nuestro planeta no será más que un recuerdo, por lo que los rayos UV entrarán a la Tierra de manera directa (con todos los riesgos que esto conlleva como el incremento de cáncer de la piel en seres humanos y animales). Evidentemente, la temperatura de nuestro planeta incrementará a la tan agradable temperatura de 70 °C, casi el punto de ebullición del agua. Además, nos encontraremos ante una dualidad maravillosa: durante el verano, los polos estarán completamente descongelados, pero durante invierno, existirán glaciaciones, llegando a temperaturas de -44 °C ¿A poco no nos sentimos orgullosos por lo que hemos hecho con nuestro planeta?
Por si nuestro nivel de orgullo por nuestra creación (destrucción sería la palabra más adecuada) para el año 2055 las plantas ya no existirán. Nuestro planeta que desde el espacio exterior se caracteriza por su colorido azul y verde, se verá ahora café, sin vida, desierto.
Durante estas tres etapas, 46% de las especies animales que aun existen, se extinguirán sin remedio alguno. Se cree que únicamente podrán sobrevivir perros, gatos, hamsters y otras especies de animales domésticos.
Ante estos datos no puedo sino sentir repulsión por lo que hemos hecho, por la explotación innecesaria y desmedida que hemos llevado a cabo. El consumismo en el que vivimos conlleva a una mayor necesidad de recursos naturales, recursos que se consiguen sin dar tiempo a que la tierra los vuelva a generar. Los problemas de deforestación son alarmantes. Los talamontes han matado millones de hectáreas de árboles, pulmones naturales que todo ser humano requiere. De hecho, se estima que aproximadamente el 50% de la Selva Lacandona en Chiapas, uno de los pulmones naturales más importantes para América Latina ha sido víctima de esta deforestación forzada. Se ha generado un verdadero ecocidio.
Además, que podemos decir de la cantidad de basura y desechos que arrojamos a las calles, sin tener en mente que estos llegarán, en primer término al drenaje y, ultimadamente a los ríos y océanos. ¿Cuántas fotografías hemos visto de aves que están atoradas con los plásticos que sostienen las latas? O ¿qué decir de fotografías que demuestran a ballenas, delfines y tortugas con bolsas de plástico en sus hocicos? ¿En verdad creemos que tenemos la potestad de dañar tan seriamente los ecosistemas? ¿No podemos comprender que el simple hecho que una especie animal desaparezca genera consecuencias serias? ¿No es tan difícil aceptar que al contaminar el ambiente de los animales nos estamos dañando también a nosotros mismos? No soy una persona de edad avanzada, por el contrario, soy joven, sin embargo, recuerdo que durante mi infancia las estaciones estaban totalmente marcadas, uno sabía exactamente si estaba en primavera o en otoño, en verano o en invierno. Desgraciadamente hoy, el cambio climático que hemos generado, la sobre explotación que hemos realizado de los recursos naturales nos llevan a tener inviernos calurosos, primaveras lluviosas, veranos fríos, es decir, las estaciones del año hoy no son más que simple nomenclatura que no tiene una diferenciación real. En verdad, es urgente que hagamos algo por detener esta destrucción.
Viene a mi mente un video que vi hace ya algunos años. En él se veía a una pequeña niña de, en ese entonces, 13 años. Severn Susuki, oriunda de Vancouver, Canadá, se paró en el pódium de la Cumbre de Medio Ambiente y Desarrollo, celebrada por la ONU en Río de Janeiro, Brasil en junio de 1992. El discurso que Susuki dio ante los representantes de los países asistentes los dejó callados. Una pequeña niña pudo más que un montón de diplomáticos que, probablemente, solamente asistieron para cumplir con el requisito de ir. El mensaje fue apabullante y refleja una verdad abrumadora (http://www.youtube.com/watch?v=DLV6jaZFLro&list=FL4-5ixsmWHtAZCpx_Zp3mjA&index=15&feature=plpp_video)
Quiero terminar esta publicación con unas palabras que reflejan el optimismo de los niños, palabras esgrimidas por mi hijo de 6 años y que deberían calar hondo en nuestra consciencia: “Yo pienso que si la tierra hablara nos daría las gracias: gracias por darle más vida a la vida que ya tiene. Los animales que están muriendo por la contaminación también nos darían las gracias porque no todos somos malos”.
Benjamín Muñiz Alvarez Del Castillo
Twitter: @Benjamin_Muniz
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